Los hombres Grises y el Nunca Más
11:31 PM | Author: Tava Vargas

Míralos bien Sofía, aquellos son los renegados del pasado. No es que no quieran vivir en el presente, es que si se le ha negado la justicia, ¿Cómo podrían vivir en estas paredes nuevas llenas de contradicciones?
Un edificio construido con cadáveres, duele. Les duele el tener que ver en cada tienda, en cada banco, en cada comercial de televisión los miles que cayeron, los desaparecidos, los olvidados.
Míralos y recuerda cómo miran, cómo caminan, como comen con miedo entre sus sienes, con odio en sus mandíbulas, con las manos amarradas y sucias, resentidos y abandonados a su suerte en esta calle maldita que no deja de gemir de dolor en estos días. Veo en tu rostro aquella expresión de dolor tan grande (tan grande como el dolor que cada uno de ellos siente) y debo decirte que está bien, está bien dejar el dolor fluir en tus venas para compadecerte… no, no para tenerles lástima porque de eso no se trata, debes sentir el dolor que sienten ellos para no olvidarlos, para hacerlos retratos vivos de un pasado fangoso del que muchos quieren escapar.
Para eso están estos hombres grises, ausentes y voraces, para hacernos recordar lo terrible que fue, lo terrible que es, haberlos dejado en este estado, en este abandono, en este olvido. Y lo repito, (porque lo seguiré haciendo, lo advierto) para que entiendas cuán difícil es comenzar desde cero, sin Pastora, tu madre, yo no lo hubiese podido hacer, ellos no tenían a nadie. Quizás, si no hubiese estado ella, sería yo el que estuviera caminando a gritos entre medio de los basurales, durmiendo entre las ratas, gritando a las ancianas que profesan el fin del mundo. Quizás ni siquiera estaría acá, estaría en una de esas fosas abiertas del cementerio, sin rostro, sin nombre… en las tumbas tristes que se erigen al atardecer, desprovistas de adornos, llenas de bandas amarillas porque no han sido identificados.. Tal vez sería un muerto en vida, y otro sería tu padre, tal vez no tendrías que ver esto, quien sabe.
Pero no por ello significaría que esto no existiera, que la Casa de la Solidaridad no estuviera, que esta calle estuviese llena de luz y de colores, vacía del silencio que ronda por las esquinas y los callejones. Ya no es posible no tener este día, Sofía, porque hay quienes están ahí y viven aun sus tormentos, sus penas, angustias y alegrías. Son personas, reales, a las cuales debemos honrar porque en sus cimientos se construyó lo que hoy tenemos, si es bueno o malo, no lo sabremos. Las certezas han muerto (no las ideologías como tantos predican) por lo cual no nos queda más que seguir trabajando día a día por construir aquel mundo que tanto añoramos y que dista de este tan egoísta y beneficioso para algunas y dañino para tantos.
Sofía soltó una lágrima y se avergonzó. Era mayor, no debía reaccionar así a lo que le contaba su padre. En la época del Nunca Más, cuando Iris las encerraba en la casa junto a Milagros a la espera de lo que dijera Pastora, la anciana les contaba las noticias que andaban rondando por el pueblo, aunque vivieran en el campo, se sabía de los desaparecidos, de las persecuciones, de las violaciones, de los muertos, los torturados y los heridos. Ninguna de esas figuras tenía nombre, lo cierto es que era gente, que al volver, perdían el brillo de sus ojos. Pero nunca había escuchado a su padre hablar sino hasta ahora, caminando por esa calle gris y fría en medio de la ciudad, rodeada de casitas humildes, pequeñas, apiladas como si así pudieran calentarse para el invierno, como si así pudieran resguardarse del calor del verano. Refugio había guardado silencio y ahora lo entendía, porque él no era esos hombres dementes, grises, fríos y repulsivos que caminaban como zombies, que cantaban canciones antiguas, que denunciaban sin que se les escuchara, las torturas de su vida. En fin, que terminaban por vivir otro día sin notar que todo había acabado.
-Y es que no ha acabado- volvió a la arremetida, Refugio- para ellos nunca lo hará hasta que los lleven a un tribunal, hasta que los escuchen, les tomen la mano y los reciban.
Era esa la razón por la cual Refugio iba todos los meses a entregar lo que tenía y sobraba en la casa, lo que podía recolectar. Entre ropa, abrigo y comida para aquellos hombres desorientados, muestra de lo que era él ahora, la posibilidad viva de lo que podría haber sido. Testimonio vivo de las negligencias del Campanario, de la campaña del terror y del olvido.
A lo lejos se escucharon las campanas. Los hombres grises se levantaron, miraron a la distancia con los ojos llenos de furia y rabia, luego se agacharon y lloraron, para luego volver a su mundo perdidos en el tiempo, trasnochados en la gloria de tiempos pasados, abrumados por la tragedia del presente tan cierto y ajeno a ellos.
Las Sepulturas Tristes
7:42 PM | Author: Tava Vargas

En el Cementerio, más allá de las grandes avenidas que cruzaban el centro de los amplios e iluminados mausoleos, se amontonaban pequeños sepulcros.
Todos amontonados, algunos tapados con toldos plásticos, debían tomar turnos para repartir aquella poca luz del sol que les llegaba. Era cosa de dar una ojeada a los deudos que llegaban, con ropajes livianos y zapatitos rellenos de diarios para no humedecerse los pies,
para darse cuenta el tipo de gente que resguardaban. Se quedaban un rato, arreglaban un poco allá, otro poco acá, con trapos húmedos pintaban y repintaban las placas de piedra para que, al menos, se viera el nombre.
algunas tumbas, las recién hechas, aun tenían tierra suelta cuando volvían a hacer, justo al lado, otro hoyo para recibir otro ataúd, apenas separados por unos cuantos ladrillos, todas amontonadas, casi sin profundidad, eran los muertos de una clase social que no podía permitirse gastar más en los muertos de lo que gastaba en los vivos.

Aquellas Sepulturas Tristes, estaban alejadas de los ojos curiosos de los turistas. En aquellos pequeños nichos agrupados en la tierra húmeda, había un atisbo ligero de humanidad perdida que hablaba de desigualdades que se iban a la otra vida. Un dolor que tenía más que ver con las penas arrastradas en vida y que, al acumularse, decantaban en esos huequitos miserables del cementerio.

Eran los olvidados, las historias que no representaban a más que a ellos mismos los que los había confinado a ese rincón, los que no tenían el derecho a pertenecer más que a sí mismo -y al trabajo de sus manos... trabajo pagado con migajas, explotado hasta la barbarie- Pero para sus deudos, cómo no amarlos? Porque aunque faltara el pan, se les traía flores; aunque no hubiera sal en la mesa, había que viajar cada domingo para contemplar, con los ojos cristalinos de pasado, los recuerdos de un amor que no había sido olvidado, pero que no correspondía a la magnificencia de aquel cementerio recordados por todos por los mausoleos de unos pocos, mausoleos construidos, al igual que sus mansiones mientras estuvieron en vida, sobre los cimientos del dolor que hoy representan esas sepulturas humildes, capaces de alberga pequeños cuerpos encorvados de los grandes sueños que no fueron capaces de cumplir en vida.
El Ruiseñor y Su rosa
6:09 PM | Author: Tava Vargas

Tenía una vida de hombre libre; abierto de mente, capaz de gritar
Había en mi pecho el orgullo de no ser de aquellos hombres,
que tanto habían disfrutado matar.
Mi voz era la de mil voces.
Mis ojos, nunca se apagaban al despertar.
Tenía cada mañana, como regocijo, saber que era otro día para pelear.

Y veía claramente, cómo el mundo no debía ser jamás.
Saludaba sin miedos, a aquellos a los cuales no hay que saludar.

Hasta que la vi flotando ajena, Sin nada en su andar.
La quise perseguir, ligera.
Quiso, entonces, escapar.

la seguí por cuatro años... por momentos no quería despertar
las mañanas fuerons amargas. Las noches, frías lejos de donde debía estar.
Pero entonces supe que aquellos labios, de los cuales nunca oí hablar
deseaban más los regalos y promesas
que las ideas que pudiera entregar.

y exigí, como condición, que me diera esperanzas
Sabiendo que las Esperanzas las había perdido yo.
Exigí lo que no podía exigirle.
Exigió lo que no podía darle yo.
Flores en el desierto quería, Una rosa como las que murieron hace años en el jardín.
Quería Rosas de aquel patio del cementerio abierto
De las tumbas de las cuales nunca quiso oír.

Entonces vendí a mis muertos. Loco de amor como estaba yo!
Perdí el rumbo, me perdió lo incierto.
Y el invierno tampoco me ayudó.
Aquella Rosa que ella exigía, la que nunca verdaderamente pidió.
Era una llave a sus labios rojos, era el pasaje de mi autodestrucción.

robé, mentí, maté
como aquellos a los que juré, nunca dar perdón.
lloré, grité, y me hirieron.
Como aquellos a los que nunca más miré.

Y en pleno desespero, cuando pasó el tiempo bajo el romeral.
Cuando las botellas de Ron no pudieron desangrar el desconsuelo,
ni encontré nada más de donde escapar, el ruiseñor entonó su canto
para darle ánimo a aquel maldito rosal.

"Una rosa que no quería. Una Rosa que nunca va a mirar.
Puede ser mi alegría, pero la suya nunca lo será"
Había oido que me decían... pero la verdad, no quería descartar
que aquella rosa podría ser mi alegría
(aunque a ella no le importara de verdad)

el pajarillo asintió complacido. Conociendo desde siempre las historias del "nunca Más"
los malos pasos a los que había caído por un amor capaz de traicionar.
Vio mi vida -y estaba viendo mi muerte-
y supo entonces, cómo aportar;
Abrió su pecho, entregó su encanto.
Poco a poco revivió al rosal.
Cantó como nunca hubo un canto.
Murió, porque así debía terminar.

Una Rosa! la tenía en mis manos
Una Rosa! y me miró con ademán.
"quieres que la tome, aun cuando aun está húmeda?" preguntó, porque no quería preguntar más.
"una Rosa Roja como pediste, por un baile esta noche en el bar"
"Una Rosa, es sólo eso. De tí, nunca he querido más.
Tengo el favor de tantos hombres... ¿Crees que una rosa bastará?
te he visto antes y te conozco. Como los 'otros' que siempre gritando están
Tu mundo no es el mío, y siempre lo has sabido ¿Por qué pretendes querer más?
Con una rosa, a mi no me basta. tal vez a tí te sobre, por ese pobre rosal!"

y se fue indiferente. Como siempre fue en verdad.
Abrí mis ojos -después de tanto tiempo-
y quise por un momento llorar.
Las historias del Nunca Mas volvieron, pero no mis amigos a los que ya había dejado atrás
El ruiseñor nunca más entonó su canto,
Aquel rosal, nunca más quiso una flor dar.

desde esa noche que bebo sin rumbo, Que camino con hastío
que me duermo, sin querer soñar.
aquella mañana desperté cuando aun estaba nublado... y las lágrimas se habían desparramado como rocío cristalizado sobre el pasto del antejardín.

Durante la noche, con todo el amor que pudo dar,
el Ruiseñor secó su sangre, y nunca más volvió a cantar.
Hoy es día de desvelo, porque aquella moza, que no quiso bailar,
hoy desangra aquella rosa, por la cual nunca volví a amar!

Rescaten al Ruiseñor y su Rosa!
no le dejen terminar de cantar!
que las espinas no le congelen su corazón pequeño!
y que sus pulmones no derramen su sal!

¡Rescaten mi inconciente errado!
maten aquella sensación de falsa paz.
Tomen aquella rosa roja y el ruiseñor
maten este corazón egoísta
vuelvan mis huesos a las tumbas que alguna vez, dejé atrás!

Mi nombre!
10:28 PM | Author: Tava Vargas
No quiero mi nombre inerte en lápida de piedra.
Deseo ver mi obra en la sangre ardiente de mis hijos,
en la frente alta de mis nietos
en las palabras sabias de mis amigos.
y en los sonidos profundos de tu boca,
de tu boca, vida
De tu boca.

No quiero mi nombre quieto como estátua nívea
quiero que vuele alto entre roble y tamarugal,
en el vuelo ágil del cóndor nuevo,
en aquel grácil andar,
en tu cuerpo caminando lento
y entre medio del juego de tus dedos
y mis cabello.

No quiero mi nombre vacío, en medio de fuentes de bronce.
quiero ver el fuego de las ideas brillar en el corazón del fuego,
caer como lluvia cristalina,
verlas crecer gigantes como montañas de hielo.
nacer como valle eterno
y vivir en tu piel de infierno.

no quiero mi nombre ajeno en placas de blanco acero,
lo quiero mio ¡Lo quiero nuestro!
prestado a la vida, rodeado de ingenio,
siempre inquieto y a la vez sereno.

No quiero mi nombre ausente, perdido porque tú estás perdido.
Lo quiero abierto en tus manos,
sobre tu pecho extendido.
¡Quiero mi nombre vivo!
¡quiero mi nombre Vivo!
despertando un día.
12:33 PM | Author: Tava Vargas
Eran aquellos labios rojos, de perfume espeso y penetrante los que dan a conocer que quedan las migajas -no los recuerdos completos- luego de tardes de lluvia, cuando en el pecho arde la sensación de poco sociego.
Y la verdad, no soy capaz de recordar los detalles de tu cuerpo, que ahora es humo disperso en medio de tantos sentimientos, luego de una noche pasada en tu boca respirando tu aire.

Primero habían sido tus ojos, aquella bestia infame, los que me habían quitado la paz, la cadencia de cada día... tu presencia que parecía alegría -y la ausencia que desteñía la paz.

Eran entonces, tu cuello. Dorado, largo, perfecto. Aquel espacio profundo en el cual entraban mis sueños. por donde me abrazaba inquieto, donde dormía sereno.

Era también tu espalda donde descansaba mi pecho, por donde te arrasaba con mis brazos. Donde nuevamente me encogía como si fuera mi puerto... aunque ahora pareciera destierro.

Había sido una noche, una sola noche de presencia eterna, pero ahora, a unas cuantas horas, cuando queda en el ambiente unas pocas notas de perfume de tu pelo, el calor de tus manos y las imágenes -casi irreales- me doy cuenta del precio de una noche que no sería noche, sería desconsuelo y necesidad.
Nuevamente, sabidurìa...
7:45 PM | Author: Tava Vargas

Nosotros somos los imposibles, Los que dedicados a cada uno parecen prisioneros entre tantas diferencias. Nosotros con ese aroma a canela húmeda, a cuerpos tibios que terminamos siempre con las manos entrelazadas. Y cómo no seremos imposibles si en silencio reina mi calma, en tu calma renuncia mi cobardía. Porque es imposible imaginarme sin tu mano al otro extremo de mi mano, ni tu sonrisa acompañando la mía.

Somos imposibles porque no existo sin ti, ni te atrapo lejos cuando te escapas de mis sueños imposible de imaginarte sin mis besos, alejarte y que no estés a tu lado.

Porque la noche, siendo calma, había dispuesto en tus miradas, la promesa insomne de una gran batalla que recupera aquellos labios que me decían "te quiero" mientras despertaba.

Somos imposibles, porque ya no somos solo uno, porque tu mundo, siendo mi mundo, me arremete contrariada y ajena, pero siempre curiosa para saber si tú, como alguna vez yo, sientes la necesidad de acostarte a dormir a mi lado, para notar que en este lecho dejamos de ser imposibles para pasar a ser un bonito sueño.
Caminante no hay camino...
10:17 PM | Author: Tava Vargas
una vez terminados los últimos minutos de su vida, dedicó aquel aliento final para alcanzar hoja y papel y escribir, en lo que mantenía su historia en papiros casi descoloridos, las últimas palabras.
Había tanto que decir, pero debía seleccionar de forma rápida y certera, aquellas que demostraran la síntesis de aquel momento crucial y tan definitivo como era su muerta.
No quería dejar algunas palabras a sus obras. Aquellas estaban hechas, escritas, cualquiera las podría ver.
No quería decir todo lo que había costado llegar a dichos inventos, hallazgos y demases. Él solo había tomado dicha responsabilidad, no porque era necesario solamente, sino porque así lo quería.
No quería hablar de todas las peleas y esfuerzos porque en realidad, no importaban, no era el momento de quejarse luego de tantos años pasados

Entonces no cupo duda, respiró hondo y comenzó a trazar, lentamente, con algo de dolor, pero con la certeza de que aquello era lo único que podía cobrar sentido en aquella última etapa.
"Dime Dios, si todo lo que he hecho ha servido para algo"