Las historias son inventadas... pero no del todo ficticias, las he escuchado, con atención, de quienes me han brindado la confianza de contarme sus penas y hablarme sobre sus alegrías. No Adorarás Falsos Ídolos es, simplemente, para quienes necesitan poner en LA Historia, su propia historia sin pasar al olvido.
4.12.2014
Los frutos del olvido
9.06.2013
Los recuerdos en el mes...
La muchacha, como siempre, le asintió sacando lo que había separado para comer mientras Refugio hacía lo propio con lo desechado. Heraldo siguió hablando mientras sonreía por lo bajo, hizo el comentario de la locura que estaba quedando en la asamblea de Filosofía, en el patio ya algunos se disponían a pelearse a golpes si la asamblea no llegaba a resolución, Refugio lo miró negando con la cabeza, enrostrándole a su amigo que lo tomara tan a la ligera, Pastora, como siempre, lo defendía diciéndole que no era culpa de él que los otros fueran unos irracionales.
Las discusiones entre los tres generalmente terminaban en discusiones entre ambos, era por lo mismo que todos decían que la enemistad entre Pastora y Refugio no escondía más que enojo. Nuevamente el muchacho se rió.
Cuando Refugio lo animara a contarles la gracia, el muchacho sacó su cigarrillo por la parte de abajo de la cajetilla y les comentaba que su abuela decía que sólo aquellos que comían del mismo plato podrían seguir bien en una relación tal cual ellos lo estaban haciendo. Se miraron con las mejillas sonrojadas, primero por la discusión anterior, y la anterior a esa y después por las palabras de Heraldo quien fumaba tranquilo ante la extraña tranquilidad que se diera en aquel edificio a la espera de las resoluciones del resto de las carreras en la Universidad.
los tres se quedaron en silencio hasta que se terminara el cigarrillo, Refugio se sentó derecho y pidió a su amigo uno de los cigarros que le quedaba, El muchacho sacó la cajetilla, la volteó para ofrecer uno y luego él mismo tomó otro. "eso te hace mal" le dijo Pastora con reproche. "no moriré de cáncer" le aseguró y le guiñó el ojo izquierdo mientras prendía el cigarrillo con un fósforo.
Mientras caminaba en medio de la marcha, anotando mentalmente comprar la torta de cumpleaños de Gracia, recordó el último día de Heraldo cuando se los llevaron de la Universidad y nunca más se supo de él hasta dos semanas después. La madre del muchacho, una mujer con los mismos ojos inquietos pero apagados y llenos de pena luego de la noticia, no pudo reconocer el cuerpo de quien fuera su hijo. 60 balazos lo habían desfigurado y no tenía identificación, lo único que encontraron fue la cajetilla abierta por el otro lado, la marca inequívoca de que era él quien reposaba en la camilla de metal del servicio Médico Legal. Paradójicamente, había tenido razón, dos años después de eso, cuando el mismo Refugio fuese liberado luego de ser detenido en plena calla, se casó con Pastora quien, a su vez, pudo confirmar que el muchacho no murió de cáncer.
8.05.2013
Crápula.
con las manos atadas de espiga y sosiego
como crápula te espero bajo la mesa
donde comimos nuestra primera cena.
En el recuerdo de las manos entrelazadas,
y los primeros besos entregados al vaivén.
Embriagada de la sal de tu cama
Te dejé correr.
Aquella melodía esclava, y los susurros del silencio
con la luna como lámpara soltera
cerramos los ojos abriendo los labios
y te dejé caer entre mis sueños.
8.03.2013
fueron tus ojos grises, de vista serena
los que se despidieron en la noche
durmiendo una siesta eterna.
No alcanzó tu voz de fábula,
aquella de cuentos eternos,
a despedirse entre las Dalias
ante el sempiterno duelo.
En menos de un segundo suspendido,
bajo el reloj viejo de la cocina,
tu alma como golondrina
salió emprendiendo vuelo.
Y tus manos se quedaron frías,
y la fría lluvia enjugó tu velo.
Mis manos se volvieron brisa
y tu risa pagó el recuerdo.
Estamos, hoy, en desconsuelo.
A la espera de que el reloj ande nuevamente,
Quedamos, ayer, somnolientos,
sonriendo ante un recuerdo.
El cuento de Rapunzel en la torre eterna,
el llanto de Margarita por su novio ingrato,
los tangos no tienen quien los baile
y en la casa ya no encuentro tu retrato.
5.14.2013
La Luna Triste
media sombra y medio día.
Silente espectro de una noche perdida,
la guardiana de los deseos callados,
Soy la defensora de las causas perdidas,
protectora de los testigos ahogados.
Vivo y no vivo en medio de un punto inhabitado.
ignorada, ignorante.
sinceramente relegada,
transparente como viento, fría como hielo.
Soy la desmemoria viva, la muerte en desconsuelo.
La última esperanza,
en medio de la laguna frágil de la memoria humana.
Soy la Luna triste, la consanguínea
de los amantes y los desamores,
de quienes susurran entre los sauces,
de quienes besando a una, nombran a otra.
Soy la guardiana de los anhelos viejos
y de los viejos olvidados.
La misma que suspira consuelo
en pleno "veranito de San Juan",
contando perlas, buscando pan.
Soy la Luna callada, la que sale a caminar.
Soy la Luna silenciada, la esencia del más allá
Soy la Luna Triste,
tristezas de invierno y primavera.
La testigo de los amores imposibles y de los errantes, compañera
la de aquellos descalzos,
los dados por vencidos
los vencidos amputados
y los ganadores vacíos
Soy la Luna Triste,
una eterna compañera.
soy la que nadie escucha, aquella a la que nadie piensa.
El eterno gris nostálgico, en medio del manto celeste.
Soy la que se cruza, como náufrago,
Entrecerrando los ojos, soñando con alguien despierta,
reconocer el paso del tiempo,
buscar, entremedio, la muerte.
Pasado el tiempo, pasada el hambre,
sigue, sin embargo, el desastre.
Soy la que se deja de lado, la que no notas, la pasajera.
Soy la consecuencia de millones y la nada.
Aquella de la que nadie se encarga.
Aquella a la que nadie llama.
Soy la Luna Triste,
media humana, media diosa
espectro de media tarde,
Soy una media sombra.
La luna inerte y perdida,
la que se queda mirando hacia atrás
bajo la noche que muere ante la aurora.
Aquella que sabe, nunca volverás.
5.12.2013
Los viajes al Sur
Las manos de sepia, en aquella ocasión, se movían algo inquietas porque no lograste entender quién te despertaba. En aquellos días pasabas durmiendo, ahorrando energía para las mil visitas que reciibías días a día... pero también a quién queremos engañar; nunca tuviste muy buen pulso. En las onces familiares, mientras servías el té, las tazas clinquineaban en tus manos, poniendo a prueba los nervios de todos... aun así, nunca botaste una sola gota del té caliente.
Pareciera que son años desde cuando nos quedábamos leyendo bajo el parrón, en medio del pan amasado y el chancho en piedra con las risas de los más chicos, el sonido cantarino del agua. Eran tiempos menos engorrosos, más prístinos y diseñados para nosotros, los primos chicos que poco sabíamos de los problemas de los más grandes. Hoy me toca lo contrario, hacerte sentir bien a pesar del gobierno -ese que tanto odiaste cuando llegó, recuerdo que hasta me retaste porque se me ocurrió decirte que iba a votar nulo para la segunda vuelta- Te hablo de mis cosas, de las anécdotas, te contesto una y mil veces las mismas preguntas que olvidas que ya me hiciste, pero también que recuerdas tan bien y que, por el brillo de tus ojos, sólo preguntas porque te gusta preguntar.
Y te sonrío cuando despiertas y se te iluminan los ojos. "¿Vamos a prender la chimenea?" te pregunto cómplice. La hora del té siempre fue tu favorita. "así aprovechamos de ver los autos pasar", completo mientras abro la cortina.
el humo de la chimenea, el agua hirviendo y los huevos recién preparados humeantes en medio de la mesa del living donde crepita la chimenea. te ríes preguntándome qué día es hoy, por qué hace tanto frío, cómo están mis padres, cómo está el trabajo "¿Y en qué trabaja tu pololo?" la misma pregunta de hace cuatro años "¿Siguen pololeando?" y asiento mientras te vuelvo a explicar. Te hablo del clima, las noticias, el perro que se escapó otra vez y llegó con dos rasguños.Cuando abro los ojos vuelvo a santiago, en frente del computador, mirando por la ventana al horizonte mentalizando esos días de infancia en medio de la bruma del invierno, cuando eras tú la que prendía la chimenea y me contaba las historias que pedía, me repitieras una y otra vez.
1.10.2013
Cancion de despedida
Una familia y una casa.
Pero la casa también tenía historia propia, aquella que estaba ligada una y otra vez a las decisiones de la familia, a su crecimiento, a su recambio, a la herencia de sangre que nos ligaba irremediablemente como parte del mismo clan, con el mismo destino sellado por nuestra estirpe.
Habían sido los bisabuelos, quienes se asentaron, pero eran los abuelos quienes se dedicaron a ponerle sustancia a aquellas tierras perdidas y que tanto les entregaran, se enamoraron de la cordillera afable y apacible del verano y oscura y ruidosa del invierno. Ellos vieron en esas tierras las maravillas de las que luego Refugio se enamorara cuando conociera a Pastora en la Universidad.
Se habían dedicado a darle forma y vida a aquella tierra que les pertenecía más por el trabajo y el tiempo que invertían que por los títulos de propiedad; plantaron en un lugar el maíz y la remolacha, en otra hicieron los establos para las vacas y que servían como productoras de la leche que luego pasaba a buscar la cooperativa lechera todas las mañanas bien temprano para dejarla a la central de esterilización a la entrada de la calle matadero, en la ciudad. Mientras en la ciudad comenzaban las primeras protestas por los derechos de los sindicatos, cuando aparecieron los primeros sindicalistas, los pensadores sobre la igualdad y la libertad del pueblo y la necesidad de conformar un frente que construyera un nuevo país, en el campo aparecieron los primeros problemas sobre el derecho de las tierras. Era cuestión de tiempo que aparecieran los problemas en la franja de agricultores, en esos tiempos alejados del cono urbano de la ciudad incrustada en medio de la cordillera.
Los agricultores de aquella zona fueron los primeros que se asociaron para poder cuidar "el trabajo propio". Era el sector donde los abuelos habían formado parte del primer sindicato agrícola que se creara con la ayuda de don Roble y los vecinos que usaban las aguas del río para el regadío. Ahí fueron los primeros cambios para el campo, los primero verdaderos arreglos de la casita enclavada en medio del monte y las segundas revueltas que llevaron, ahora al abuelo, a escapar al mismo paso cordillerano que al bisabuelo. Eran los tiempos del gobierno de don León Leyseca que si bien había seguido la línea de su antecesor, poco había hecho con las reformas para el campo; en otras palabras el país tenía una sociedad de fomento de la producción, pero en el campo poco se hacía contra los abusos y desusos de la tierra. Recuerdo que la abuela nos decía, con aire de reproche, que don León Leyseca había venido desde el norte, había pasado más tiempo fuera que dentro del país y que si bien poco sabía de los problemas de la gente -como le gustaba decir a ella- había ganado las elecciones con su pinta de actor de cine... Sin embargo, eso nunca lo supe, las fotos de esos tiempos muestra a la gente más vieja de lo que realmente era y para mí aquella foto no mostraba más que a un caballero con pinta de ser viejo.
La casa, en ese entonces, albergaba a los 4 hermanos de Pastora más algunos primos que el Tata iba recogiendo de un lado y de otro. Por lo mismo es que se fueron agregando, si bien no muchas habitaciones, sí hartos metros cuadrados que iban siendo ocupados dependiendo de las necesidades de la familia; además de la habitación principal donde la Nona y el Tata descansaban, estaba la habitación de Papá Roble y Mamá Rosa que, con los años que llevaban encima, se habían dedicado a disfrutar a los nietos y a los primero bisnietos. Estaba el comedor de diario con la amplia cocina a leña donde la abuela siempre mantenía agua hervida para atender a las visitas y donde los aromas de la comida no cesaban durante todo el día avivados por un fuego que no se apagaba ni en verano ni en invierno. El comedor principal pasaba sellado hasta la llegada de celebraciones importantes donde toda la familia se reunía y lo llenaban de esas historias antiguas y las risas de los niños.
El lugar más especial era la biblioteca del Tata, donde se recluía cuando el día amanecía oscuro y los recuerdos de los años de escape por plena cordillera y la pérdida de los amigos le pesaban en el corazón. pérdidas que se iban sumando año a año y que acrecentaban con el mismo tiempo. Luego venían las dos habitaciones grandes, una para las niñas y otra para los niños.
Luego vino otro terremoto y dos evacuaciones por actividad del volcán, ahí cayó el comedor principal y la habitación de los niños, algo que no se arregló puesto que con la manía de escapar heredada generación tras generación cada vez que un gobierno decretaba que su forma de pensar se volvía inconstitucional. A esas alturas dos generaciones habían arrancado por creer en algo que el resto, declaraban, era una peligrosa utopía; esa habitación nunca más sería ocupada luego de la matanza del campo en donde los primos de Pastora nunca más volvieran, las mujeres de la casa se hicieron cargo de los negocios hasta que llegara Refugio.
Era por eso que cuando Pastora y Refugio se casaran -luego de que la tercera generación de la familia le tocara escapar- recibieran una casa que sólo mantenía a buen resguardo el espacio donde esconder a los que llegaban arrancando de la ciudad y que iban de camino al paso cordillerano como única salida de escape. Entonces llegué yo, la primera de las siete hijas, luego Milagros, Clara, Estela, Paz, Amparo y la pequeña Esperanza.
Con cada nacimiento se agregó una pieza, pero también se abandonó la habitación principal cuando Pastora y Refugio partieron... pero esa es otra historia, y nada tiene que ver la casa del monte.
4.22.2012
Habían pasado muchos años desde la última vez que se vieron.
Aquella había sido una despedida épica, como esas que tanto le gustaba leer en novelas antiguas de amor y cariños viejos que siempre terminaban perdonándoselo todo "porque se amaban".
Sin embargo, no hubo palabras de disculpas ni ruegos para que se quedara, después de todo, no era que tuviesen algún tipo de relación efectiva y reconocida, tampoco era que se lo hubiesen dicho alguna vez en medio de una velada romántica a la luz de las velas.
los sentimientos que Sofía y León tenían el uno por el otro habían sido considerado tan privados, que nunca se lo dijeron. Era por lo mismo que la despedida era mucho más terrible que una despedida de dos amantes, porque al menos ellos se habrían dicho todo lo que tenían que decirse, pero ellos, ellos seguían ahí, a la espera de que por milagro alguno de ellos se dijera lo que tanto tenían en claro, antes de que el tren partiera alejando a la muchacha todo el tiempo necesario para traerla de nuevo muchos años después.
León, en esas noches de vigilia eterna, la recordaba con su rostro pálido reflejado en la ventana del Tren antiguo que pasaba todas las mañanas camino a la capital, con su mirada perdida en la del muchacho como rogándole que la siguiera a pesar de todo lo que significaba dejar en aquella vida que era la única que conocía.
-es bueno volver a verte- lo despertó de sus pensamiento la voz, ahora, más rasposa que la que tenía a los 15 años- pensé que nunca nos volveríamos a encontrar.
-es verdad- y no dijo nada más
porque en el fondo, aquellos corazones quinceañeros que se habían amado con locura, que se habían entregado a un compañerismo incondicional, a la maravilla del roce celestial de dos cuerpos conociéndose no volverían nunca más.
lo que les había quedado, hasta ese día, no era más que las sombras de un amor inconcluso, una despedida que fue el final de algo que nunca comenzó, unas disculpas que no servirían de nada -después de todo no había nada que disculpar- se querían ¡Y cómo se querían!... pero no era el mismo anhelo de los primero días, por lo cual estaban condenados a mantenerse atentos, dispersos en sus recuerdos a la espera de recuperar aquello que ya estaba perdido, y que, lamentablemente, se había ido en ese tren para nunca más volver.
3.29.2011
Los hombres Grises y el Nunca Más

Míralos bien Sofía, aquellos son los renegados del pasado. No es que no quieran vivir en el presente, es que si se le ha negado la justicia, ¿Cómo podrían vivir en estas paredes nuevas llenas de contradicciones?
Un edificio construido con cadáveres, duele. Les duele el tener que ver en cada tienda, en cada banco, en cada comercial de televisión los miles que cayeron, los desaparecidos, los olvidados.
Míralos y recuerda cómo miran, cómo caminan, como comen con miedo entre sus sienes, con odio en sus mandíbulas, con las manos amarradas y sucias, resentidos y abandonados a su suerte en esta calle maldita que no deja de gemir de dolor en estos días. Veo en tu rostro aquella expresión de dolor tan grande (tan grande como el dolor que cada uno de ellos siente) y debo decirte que está bien, está bien dejar el dolor fluir en tus venas para compadecerte… no, no para tenerles lástima porque de eso no se trata, debes sentir el dolor que sienten ellos para no olvidarlos, para hacerlos retratos vivos de un pasado fangoso del que muchos quieren escapar.
Para eso están estos hombres grises, ausentes y voraces, para hacernos recordar lo terrible que fue, lo terrible que es, haberlos dejado en este estado, en este abandono, en este olvido. Y lo repito, (porque lo seguiré haciendo, lo advierto) para que entiendas cuán difícil es comenzar desde cero, sin Pastora, tu madre, yo no lo hubiese podido hacer, ellos no tenían a nadie. Quizás, si no hubiese estado ella, sería yo el que estuviera caminando a gritos entre medio de los basurales, durmiendo entre las ratas, gritando a las ancianas que profesan el fin del mundo. Quizás ni siquiera estaría acá, estaría en una de esas fosas abiertas del cementerio, sin rostro, sin nombre… en las tumbas tristes que se erigen al atardecer, desprovistas de adornos, llenas de bandas amarillas porque no han sido identificados.. Tal vez sería un muerto en vida, y otro sería tu padre, tal vez no tendrías que ver esto, quien sabe.
Pero no por ello significaría que esto no existiera, que la Casa de la Solidaridad no estuviera, que esta calle estuviese llena de luz y de colores, vacía del silencio que ronda por las esquinas y los callejones. Ya no es posible no tener este día, Sofía, porque hay quienes están ahí y viven aun sus tormentos, sus penas, angustias y alegrías. Son personas, reales, a las cuales debemos honrar porque en sus cimientos se construyó lo que hoy tenemos, si es bueno o malo, no lo sabremos. Las certezas han muerto (no las ideologías como tantos predican) por lo cual no nos queda más que seguir trabajando día a día por construir aquel mundo que tanto añoramos y que dista de este tan egoísta y beneficioso para algunas y dañino para tantos.
Sofía soltó una lágrima y se avergonzó. Era mayor, no debía reaccionar así a lo que le contaba su padre. En la época del Nunca Más, cuando Iris las encerraba en la casa junto a Milagros a la espera de lo que dijera Pastora, la anciana les contaba las noticias que andaban rondando por el pueblo, aunque vivieran en el campo, se sabía de los desaparecidos, de las persecuciones, de las violaciones, de los muertos, los torturados y los heridos. Ninguna de esas figuras tenía nombre, lo cierto es que era gente, que al volver, perdían el brillo de sus ojos. Pero nunca había escuchado a su padre hablar sino hasta ahora, caminando por esa calle gris y fría en medio de la ciudad, rodeada de casitas humildes, pequeñas, apiladas como si así pudieran calentarse para el invierno, como si así pudieran resguardarse del calor del verano. Refugio había guardado silencio y ahora lo entendía, porque él no era esos hombres dementes, grises, fríos y repulsivos que caminaban como zombies, que cantaban canciones antiguas, que denunciaban sin que se les escuchara, las torturas de su vida. En fin, que terminaban por vivir otro día sin notar que todo había acabado.
-Y es que no ha acabado- volvió a la arremetida, Refugio- para ellos nunca lo hará hasta que los lleven a un tribunal, hasta que los escuchen, les tomen la mano y los reciban.
Era esa la razón por la cual Refugio iba todos los meses a entregar lo que tenía y sobraba en la casa, lo que podía recolectar. Entre ropa, abrigo y comida para aquellos hombres desorientados, muestra de lo que era él ahora, la posibilidad viva de lo que podría haber sido. Testimonio vivo de las negligencias del Campanario, de la campaña del terror y del olvido.
A lo lejos se escucharon las campanas. Los hombres grises se levantaron, miraron a la distancia con los ojos llenos de furia y rabia, luego se agacharon y lloraron, para luego volver a su mundo perdidos en el tiempo, trasnochados en la gloria de tiempos pasados, abrumados por la tragedia del presente tan cierto y ajeno a ellos.
7.21.2010
Las Sepulturas Tristes

En el Cementerio, más allá de las grandes avenidas que cruzaban el centro de los amplios e iluminados mausoleos, se amontonaban pequeños sepulcros.
Todos amontonados, algunos tapados con toldos plásticos, debían tomar turnos para repartir aquella poca luz del sol que les llegaba. Era cosa de dar una ojeada a los deudos que llegaban, con ropajes livianos y zapatitos rellenos de diarios para no humedecerse los pies, para darse cuenta el tipo de gente que resguardaban. Se quedaban un rato, arreglaban un poco allá, otro poco acá, con trapos húmedos pintaban y repintaban las placas de piedra para que, al menos, se viera el nombre.
4.18.2010
El Ruiseñor y Su rosa
Tenía una vida de hombre libre; abierto de mente, capaz de gritar
Había en mi pecho el orgullo de no ser de aquellos hombres,
que tanto habían disfrutado matar.
Mi voz era la de mil voces.
Mis ojos, nunca se apagaban al despertar.
Tenía cada mañana, como regocijo, saber que era otro día para pelear.
Y veía claramente, cómo el mundo no debía ser jamás.
Saludaba sin miedos, a aquellos a los cuales no hay que saludar.
Hasta que la vi flotando ajena, Sin nada en su andar.
La quise perseguir, ligera.
Quiso, entonces, escapar.
la seguí por cuatro años... por momentos no quería despertar
las mañanas fuerons amargas. Las noches, frías lejos de donde debía estar.
Pero entonces supe que aquellos labios, de los cuales nunca oí hablar
deseaban más los regalos y promesas
que las ideas que pudiera entregar.
y exigí, como condición, que me diera esperanzas
Sabiendo que las Esperanzas las había perdido yo.
Exigí lo que no podía exigirle.
Exigió lo que no podía darle yo.
Flores en el desierto quería, Una rosa como las que murieron hace años en el jardín.
Quería Rosas de aquel patio del cementerio abierto
De las tumbas de las cuales nunca quiso oír.
Entonces vendí a mis muertos. Loco de amor como estaba yo!
Perdí el rumbo, me perdió lo incierto.
Y el invierno tampoco me ayudó.
Aquella Rosa que ella exigía, la que nunca verdaderamente pidió.
Era una llave a sus labios rojos, era el pasaje de mi autodestrucción.
robé, mentí, maté
como aquellos a los que juré, nunca dar perdón.
lloré, grité, y me hirieron.
Como aquellos a los que nunca más miré.
Y en pleno desespero, cuando pasó el tiempo bajo el romeral.
Cuando las botellas de Ron no pudieron desangrar el desconsuelo,
ni encontré nada más de donde escapar, el ruiseñor entonó su canto
para darle ánimo a aquel maldito rosal.
"Una rosa que no quería. Una Rosa que nunca va a mirar.
Puede ser mi alegría, pero la suya nunca lo será"
Había oido que me decían... pero la verdad, no quería descartar
que aquella rosa podría ser mi alegría
(aunque a ella no le importara de verdad)
el pajarillo asintió complacido. Conociendo desde siempre las historias del "nunca Más"
los malos pasos a los que había caído por un amor capaz de traicionar.
Vio mi vida -y estaba viendo mi muerte-
y supo entonces, cómo aportar;
Abrió su pecho, entregó su encanto.
Poco a poco revivió al rosal.
Cantó como nunca hubo un canto.
Murió, porque así debía terminar.
Una Rosa! la tenía en mis manos
Una Rosa! y me miró con ademán.
"quieres que la tome, aun cuando aun está húmeda?" preguntó, porque no quería preguntar más.
"una Rosa Roja como pediste, por un baile esta noche en el bar"
"Una Rosa, es sólo eso. De tí, nunca he querido más.
Tengo el favor de tantos hombres... ¿Crees que una rosa bastará?
te he visto antes y te conozco. Como los 'otros' que siempre gritando están
Tu mundo no es el mío, y siempre lo has sabido ¿Por qué pretendes querer más?
Con una rosa, a mi no me basta. tal vez a tí te sobre, por ese pobre rosal!"
y se fue indiferente. Como siempre fue en verdad.
Abrí mis ojos -después de tanto tiempo-
y quise por un momento llorar.
Las historias del Nunca Mas volvieron, pero no mis amigos a los que ya había dejado atrás
El ruiseñor nunca más entonó su canto,
Aquel rosal, nunca más quiso una flor dar.
desde esa noche que bebo sin rumbo, Que camino con hastío
que me duermo, sin querer soñar.
aquella mañana desperté cuando aun estaba nublado... y las lágrimas se habían desparramado como rocío cristalizado sobre el pasto del antejardín.
Durante la noche, con todo el amor que pudo dar,
el Ruiseñor secó su sangre, y nunca más volvió a cantar.
Hoy es día de desvelo, porque aquella moza, que no quiso bailar,
hoy desangra aquella rosa, por la cual nunca volví a amar!
Rescaten al Ruiseñor y su Rosa!
no le dejen terminar de cantar!
que las espinas no le congelen su corazón pequeño!
y que sus pulmones no derramen su sal!
¡Rescaten mi inconciente errado!
maten aquella sensación de falsa paz.
Tomen aquella rosa roja y el ruiseñor
maten este corazón egoísta
vuelvan mis huesos a las tumbas que alguna vez, dejé atrás!
3.13.2010
Mi nombre!
Deseo ver mi obra en la sangre ardiente de mis hijos,
en la frente alta de mis nietos
en las palabras sabias de mis amigos.
y en los sonidos profundos de tu boca,
de tu boca, vida
De tu boca.
No quiero mi nombre quieto como estátua nívea
quiero que vuele alto entre roble y tamarugal,
en el vuelo ágil del cóndor nuevo,
en aquel grácil andar,
en tu cuerpo caminando lento
y entre medio del juego de tus dedos
y mis cabello.
No quiero mi nombre vacío, en medio de fuentes de bronce.
quiero ver el fuego de las ideas brillar en el corazón del fuego,
caer como lluvia cristalina,
verlas crecer gigantes como montañas de hielo.
nacer como valle eterno
y vivir en tu piel de infierno.
no quiero mi nombre ajeno en placas de blanco acero,
lo quiero mio ¡Lo quiero nuestro!
prestado a la vida, rodeado de ingenio,
siempre inquieto y a la vez sereno.
No quiero mi nombre ausente, perdido porque tú estás perdido.
Lo quiero abierto en tus manos,
sobre tu pecho extendido.
¡Quiero mi nombre vivo!
¡quiero mi nombre Vivo!
11.16.2009
despertando un día.
Y la verdad, no soy capaz de recordar los detalles de tu cuerpo, que ahora es humo disperso en medio de tantos sentimientos, luego de una noche pasada en tu boca respirando tu aire.
Primero habían sido tus ojos, aquella bestia infame, los que me habían quitado la paz, la cadencia de cada día... tu presencia que parecía alegría -y la ausencia que desteñía la paz.
Eran entonces, tu cuello. Dorado, largo, perfecto. Aquel espacio profundo en el cual entraban mis sueños. por donde me abrazaba inquieto, donde dormía sereno.
Era también tu espalda donde descansaba mi pecho, por donde te arrasaba con mis brazos. Donde nuevamente me encogía como si fuera mi puerto... aunque ahora pareciera destierro.
Había sido una noche, una sola noche de presencia eterna, pero ahora, a unas cuantas horas, cuando queda en el ambiente unas pocas notas de perfume de tu pelo, el calor de tus manos y las imágenes -casi irreales- me doy cuenta del precio de una noche que no sería noche, sería desconsuelo y necesidad.
11.13.2009
Nuevamente, sabidurìa...
9.07.2009
Caminante no hay camino...
8.25.2009
Bienaventurados

Caminaba a eso de las siete de la tarde, cuando el sol es solo el espejismo de la necesidad de calor y el frío y la niebla se hacen presente con la bruma, es que se apareció ante mí. Casi había pasado el día laboral completo, cuando repentinamente me reencontré con aquel pequeño paradero en medio de la nada. Medio escondido, a la salida de un Estacionamiento siempre repleto, sólo se veía a lo lejos su pequeño techo verde capaz de resguardar tanta historia.
7.31.2009
día de desvíos
y luego se imaginó los momentos vividos, trayendo desde lejos todos los detalles de las últimas semanas.
Las vacaciones comenzaban, y lejos estaban las ideas de que aquello fuera prohibido. Solo era necesario saber que era ese aroma a tabaco de vainilla lo que los recordaba el uno al otro.
7.18.2009
Mirando tus manos
