4.12.2014

Los frutos del olvido

Luego del paso de los años, cuando las visitas se hacían menos periódicas o el nombre de las lápidas dejaban de ser evocadas con la necesidad de los primeros días de ausencia, las enredaderas se adentraban lentas y mezquinas, con la sagacidad de las serpientes, enraizándose en el olvido y alimentándose de aquellos pedazos de tierra ocupadas de recuerdos que ya nadie recuerda.

las tumbas y sus muertos se dejaban estar, ya entregados a la realidad de su situación, a veces incluso agradecían la llegada de las plantas del olvido que les anunciaba la llegada del eterno descanso.
Las morillas se enterraban en el corazón, relamiendo los huesos de los difuntos y acomodaban la última de las estancias con sus hojas verdes y serenas. algunos frutos blancos crecían en quienes murieron con nostalgia y arrepentidos, con la duda de si lo hecho, había sido suficiente, los que desconocían las respuestas de los "te quiero", los "te necesito" y los "lo siento". Mención aparte tenían los que, en medio de su ensueño, mantenían en sus labios ya secos y salados, las palabras del "te perdono".
Muchas veces, aun ciegos, las moras de un color rojo intenso ni siquiera los dejaba reconocer que ya estaban muertos. Mantenían viva la ira en su camino al cementerio y por guardar rencores, eran los que más pronto tenían cubierto su lecho. 
Sin embargo, el correr del tiempo no es en vano, ni siquiera par quienes ya no cuentan los años y cuando recordaban los buenos momentos, aquella mórulas rojizas se volvían violeta y oscuras, concentrando, de esa manera, el adiós final y la resignación.

Entre más pronto un "te quiero" y entre más profundo el "te espero". Cuando el difunto se iba con paz y calma, sabiendo que tarde o temprano se volverían a ver al otro lado del canal del recuerdo, los frutos del olvido eran más sabrosos, más jugosos y dulces.
Muchas tumbas, en medio de la nada, están cubiertas de la maleza salvaje de la fruta del olvido. en medio de la tierra enquistada, en medio de los pasillos cortos entre un vecino y otro. Hay frutitas de distintos colores, sabores y tamaño que nos hablan del pasado de quienes llevan siglos, meses y años sin visitas, pero también del futuro propio. De saber cuáles serán las palabras que coronen nuestra llegada al jardín eterno del cementerio.

9.06.2013

Los recuerdos en el mes...

Siempre era el mes más complicado para la familia. Si bien poco habían perdido en comparación con otras familias, los recuerdos de quienes pasaron por aquella casa y que fueron víctimas del "Nunca Más" se reavivaba año a año, complicando las relaciones y haciendo más doloroso el llevar todo lo que habían perdido.

Además, en el mismo mes estaba el nacimiento de dos de sus hijas, intercalados con las fechas de las muertes de tres de sus mejores amigos y de tantos, tantos conocidos. La historia que siempre nos contaban era la de Heraldo Tagle, un fumador empedernido que constantemente hablaba en las asambleas de la Universidad, gracias a él, Pastora había conocido a Refugio en medio de la reunión entre los amigos del colectivo libertario en el cual militaban en la Universidad. Para todos había quedado claro que Pastora y Refugio se habían caído mal, sin embargo había sido Heraldo el único que nunca se dejó engañar por las apariencias. Había sido luego de una de las tantas asambleas de la Universidad, cuando comenzaron los miedos a recorrer las calles y el anuncio silencioso de la tragedia que iba a suceder se disfrazaba de sequía, de austeridad y miseria por la carestía.
Un grupo, los más radicalizados, habían vuelto a una de las fábricas de telas para tomárselas, parecía moda, en aquella época, el tomarse alguna fábrica y ponerle una bandera nacional como si aquello significara conquistar el Everest. Otro grupo, en la Universidad, se habían dado cuenta que aquella actitud significaba guerra para los los partidarios de eliminar tanta locura y que se comenzaban a organizar contra el régimen.
Los centros de estudiantes, entre asustados y serios, sabían que poco faltaba para un enfrentamiento dentro de la Universidad, si la dejaban sola, era altamente probable que terminaran en peleas entre compañeros -alguna vez, incluso, amigos- por demostrar quién podía más.
Todos esperaban a aquel muchacho desaliñado con los ojos inquietos y de sonrisa fácil. Heraldo era uno de los dirigentes más reconocidos dentro de los departamentos de ingeniería. Su hiperkinesia y su ingenio era reconocido incluso entre los grupos contrarios al Gobierno del Presidente Redentor Cárdenas y era por esto mismo que él se había ofrecido como interlocutor con ellos y evitar cualquier desorden dentro de aquella casa de estudio. Cuando volvió, con ese vaivén y los ojos alegres, el cansancio denotó que aquella tarea que, por un periodo pareció imposible, se había logrado.
Pastora, perteneciente a uno de los Centros de Estudiantes lo recibió sabiendo lo que aquella mirada entusiasta significaba, de la misma manera, Refugio se sentó ahora tenso, pensando en qué era lo que había negociado
"tendremos que cuidar la Universidad durante la noche"
anunció finalmente, Heraldo, sacando la cajetilla de cigarros recién comprada, volteándola para abrir el envase de papel plástico que envolvía la caja de cartón con sumo cuidado para, finalmente, sacarla y voltearla y dejar la cajetilla abierta por donde no se abría. Mientras todos se organizaban para quedarse alojando en la universidad a la espera de que aparecieran los grupos más radicalizados y detenerlos, Pastora llegó con las colaciones que se habían conseguido en el casino universitario y las repartió en la mesa donde al menos unas 30 personas hablaban animadamente. Heraldo se acercó a la muchacha sonriéndole, luego de la primera reunión a la hora de almuerzo, ya había fumado una cajetilla completa y justo ahora había abierto otra más para fumarse otro cigarrillo. La muchacha, mientras separaba la ensalada del resto de la comida, le comentó que si seguía así, terminaría muerto por cáncer. Refugio se sentó al lado de Pastora sonriéndole al notar que le quedaba comida en el plato y preguntando sólo con el gesto en sus ojos si podía sacar la carne y el arroz que le quedaba.
La muchacha, como siempre, le asintió sacando lo que había separado para comer mientras Refugio hacía lo propio con lo desechado. Heraldo siguió hablando mientras sonreía por lo bajo, hizo el comentario de la locura que estaba quedando en la asamblea de Filosofía, en el patio ya algunos se disponían a pelearse a golpes si la asamblea no llegaba a resolución, Refugio lo miró negando con la cabeza, enrostrándole a su amigo que lo tomara tan a la ligera, Pastora, como siempre, lo defendía diciéndole que no era culpa de él que los otros fueran unos irracionales.
Las discusiones entre los tres generalmente terminaban en discusiones entre ambos, era por lo mismo que todos decían que la enemistad entre Pastora y Refugio no escondía más que enojo. Nuevamente el muchacho se rió.
Cuando Refugio lo animara a contarles la gracia, el muchacho sacó su cigarrillo por la parte de abajo de la cajetilla y les comentaba que su abuela decía que sólo aquellos que comían del mismo plato podrían seguir bien en una relación tal cual ellos lo estaban haciendo. Se miraron con las mejillas sonrojadas, primero por la discusión anterior, y la anterior a esa y después por las palabras de Heraldo quien fumaba tranquilo ante la extraña tranquilidad que se diera en aquel edificio a la espera de las resoluciones del resto de las carreras en la Universidad.
los tres se quedaron en silencio hasta que se terminara el cigarrillo, Refugio se sentó derecho y pidió a su amigo uno de los cigarros que le quedaba, El muchacho sacó la cajetilla, la volteó para ofrecer uno y luego él mismo tomó otro. "eso te hace mal" le dijo Pastora con reproche. "no moriré de cáncer" le aseguró y le guiñó el ojo izquierdo mientras prendía el cigarrillo con un fósforo.

Mientras caminaba en medio de la marcha, anotando mentalmente comprar la torta de cumpleaños de Gracia, recordó el último día de Heraldo cuando se los llevaron de la Universidad y nunca más se supo de él hasta dos semanas después. La madre del muchacho, una mujer con los mismos ojos inquietos pero apagados y llenos de pena luego de la noticia, no pudo reconocer el cuerpo de quien fuera su hijo. 60 balazos lo habían desfigurado y no tenía identificación, lo único que encontraron fue la cajetilla abierta por el otro lado, la marca inequívoca de que era él quien reposaba en la camilla de metal del servicio Médico Legal. Paradójicamente, había tenido razón, dos años después de eso, cuando el mismo Refugio fuese liberado luego de ser detenido en plena calla, se casó con Pastora quien, a su vez, pudo confirmar que el muchacho no murió de cáncer.

8.05.2013

Crápula.

Con el escote blandido de la miel y la oliva
con las manos atadas de espiga y sosiego
como crápula te espero bajo la mesa
donde comimos nuestra primera cena.

En el recuerdo de las manos entrelazadas,
y los primeros besos entregados al vaivén.
Embriagada de la sal de tu cama
Te dejé correr.

Aquella melodía esclava, y los susurros del silencio
con la luna como lámpara soltera
cerramos los ojos abriendo los labios
y te dejé caer entre mis sueños.

8.03.2013

En el ocaso de una vida plena
fueron tus ojos grises, de vista serena
los que se despidieron en la noche
durmiendo una siesta eterna.

No alcanzó tu voz de fábula,
aquella de cuentos eternos,
a despedirse entre las Dalias
ante el sempiterno duelo.

En menos de un segundo suspendido,
bajo el reloj viejo de la cocina,
tu alma como golondrina
salió emprendiendo vuelo.

Y tus manos se quedaron frías,
y la fría lluvia enjugó tu velo.
Mis manos se volvieron brisa
y tu risa pagó el recuerdo.

Estamos, hoy, en desconsuelo.
A la espera de que el reloj ande nuevamente,
Quedamos, ayer, somnolientos,
sonriendo ante un recuerdo. 

El cuento de Rapunzel en la torre eterna,
el llanto de Margarita por su novio ingrato,
los tangos no tienen quien los baile
y en la casa ya no encuentro tu retrato.


5.14.2013

La Luna Triste

Soy la Luna triste,
media sombra y medio día.
Silente espectro de una noche perdida,
la guardiana de los deseos callados,
Soy la defensora de las causas perdidas,
protectora de los testigos ahogados.

Vivo y no vivo en medio de un punto inhabitado.
ignorada, ignorante.
sinceramente relegada,
transparente como viento, fría como hielo.
Soy la desmemoria viva, la muerte en desconsuelo.
La última esperanza,
en medio de la laguna frágil de la memoria humana.

Soy la Luna triste, la  consanguínea
de los amantes y los desamores,
de quienes susurran entre los sauces,
de quienes besando a una, nombran a otra.
Soy la guardiana de los anhelos viejos
y de los viejos olvidados.
La misma que suspira consuelo
en pleno "veranito de San Juan",
contando perlas, buscando pan.
Soy la Luna callada, la que sale a caminar.
Soy la Luna silenciada, la esencia del más allá


Soy la Luna Triste,
tristezas de invierno y primavera.
La testigo de los amores imposibles y de los errantes, compañera
la de aquellos descalzos,
los dados por vencidos
los vencidos amputados
y los ganadores vacíos


Soy la Luna Triste,
una eterna compañera.
soy la que nadie escucha, aquella a la que nadie piensa.
El eterno gris nostálgico, en medio del manto celeste.
Soy la que se cruza, como náufrago,
Entrecerrando los ojos, soñando con alguien despierta,
reconocer el paso del tiempo,
buscar, entremedio, la muerte.
Pasado el tiempo, pasada el hambre,
sigue, sin embargo, el desastre.
Soy la que se deja de lado, la que no notas, la pasajera.
Soy la consecuencia de millones y la nada.
Aquella de la que nadie se encarga.
Aquella a la que nadie llama.

Soy la Luna Triste,
media humana, media diosa
espectro de media tarde,
Soy una media sombra.
La luna inerte y perdida,
la que se queda mirando hacia atrás
bajo la noche que muere ante la aurora.
Aquella que sabe, nunca volverás.


5.12.2013

Los viajes al Sur

Concientes que el tiempo poco te está dejando estar, a veces me quedaba mirando al horizonte, ensimismada en las mil tareas que debía realizar, idealizándote en mi memoria mediante los gestos que llevaba guardados conmigo luego de la ultima visita.
Las manos de sepia, en aquella ocasión, se movían algo inquietas porque no lograste entender quién te despertaba. En aquellos días pasabas durmiendo, ahorrando energía para las mil visitas que reciibías días a día... pero también a quién queremos engañar; nunca tuviste muy buen pulso. En las onces familiares, mientras servías el té, las tazas clinquineaban en tus manos, poniendo a prueba los nervios de todos... aun así, nunca botaste una sola gota del té caliente.
Pareciera que son años desde cuando nos quedábamos leyendo bajo el parrón, en medio del pan amasado y el chancho en piedra con las risas de los más chicos, el sonido cantarino del agua. Eran tiempos menos engorrosos, más prístinos y diseñados para nosotros, los primos chicos que poco sabíamos de los problemas de los más grandes. Hoy me toca lo contrario, hacerte sentir bien a pesar del gobierno -ese que tanto odiaste cuando llegó, recuerdo que hasta me retaste porque se me ocurrió decirte que iba a votar nulo para la segunda vuelta- Te hablo de mis cosas, de las anécdotas, te contesto una y mil veces las mismas preguntas que olvidas que ya me hiciste, pero también que recuerdas tan bien y que, por el brillo de tus ojos, sólo preguntas porque te  gusta preguntar.

Y te sonrío cuando despiertas y se te iluminan los ojos. "¿Vamos a prender la chimenea?" te pregunto cómplice. La hora del té siempre fue tu favorita. "así aprovechamos de ver los autos pasar", completo mientras abro la cortina.

el humo de la chimenea, el agua hirviendo y los huevos recién preparados humeantes en medio de la mesa del living donde crepita la chimenea. te ríes preguntándome qué día es hoy, por qué hace tanto frío, cómo están mis padres, cómo está el trabajo "¿Y en qué trabaja tu pololo?" la misma pregunta de hace cuatro años "¿Siguen pololeando?" y asiento mientras te vuelvo a explicar. Te hablo del clima, las noticias, el perro que se escapó otra vez y llegó con dos rasguños.

Cuando abro los ojos vuelvo a santiago, en frente del computador, mirando por la ventana al horizonte mentalizando esos días de infancia en medio de la bruma del invierno, cuando eras tú la que prendía la chimenea y me contaba las historias que pedía, me repitieras una y otra vez.

1.10.2013

Cancion de despedida

Que complicado puede llegar a ser el hecho de no saber qué demonios hacer.
Cuando se dice que las instancias se acabaron, pero no sabes bien qué piensa la contrapartida, es claro que lo que queda, no es mas que la retirada. Y el nunca Más, y esas tantas oraciones que significan el NO VOLVER A VERTE.
Pero no es que no quiera hacerlo -vamos, que me hace bien también- sino que es claro que extraño tus palabras, el reirme constantemente... porque al final se gastaba el cariño pensado en ti cuando había tiempo.
Y no es que ahora lo haga, sino que me gustaría hacerlo,
Y no es que no quiera hacerlo, sino es que no debiera.

¿De qué sirve entonces, querer a alguien si no puedes siquiera pensar en él?

porque hemos quedado en claro que no volveré a verte, y qué angustiante no saber si, al igual que yo, tu extrañas esas palabras que a fin de cuentas, siempre nos alegraban el día.

Una familia y una casa.

La casa en el campo era apenas una choza cuando los abuelos llegaron. Iris, con ese aire de pequeña oficial de la historia familiar nos contaba que cuando se casaron Mama Rosa -así, sin acento porque le gustaba la entonación que le entregaba- y Papá Robles la casa en medio de la colina apenas si era un cuadrado de  palos parados con esfuerzo en un extraño equilibrio, mal pintada con cal dejando que algunos agujeros en el adobe mostraran la tierra aun viva y sin piso más que la tierra desnuda del cerro aplanada a punta de golpes con las piedras laja que traían desde la ladera del río.

La noche de bodas se despertaron a mitad de la noche con el movimiento como de barco hundiéndose,una de las patas del catre de bronce heredado de la bisabuela Linaria -traído directamente desde la ciudad- se había enterrado haciéndolos caer como si de naufragio se tratara. La casa blanca que conocemos ahora apareció después, construida poco a poco por las manos de los bisabuelos y abuelos y con la paciencia y las necesidades de una familia siempre creciendo. Llevaba en las paredes, murallas, puertas y ventanas las llagas y restos que el tiempo y la historia familiar le iban dejando, de aquella época del hundimiento del catre de bronce en el suelo de tierra sólo quedaba la habitación principal arreglada una y otra vez con cada terrible acontecimiento que estremecía al país; primero tuvieron que ponerle piso cuando el gran terremoto derrumbara parte de la ciudad antigua y terminara de llevarse la muralla sur de la habitación e incluso después de la persecución del general Cardo a los miembros del partido comunista luego de haber llegado al gobierno -y donde Papá Roble tuvo que escapar a los pasos cordilleranos para que no lo mandaran a la Isla de los Leprosos en medio del mar austral- se hicieron las bodegas con doble fondo para esconder gente perseguida y que ahora servían como bodega para los vinos de guarda y algunos cereales que se guardaban para el consumo del invierno de la gente de la casa.
Pero la casa también tenía historia propia, aquella que estaba ligada una y otra vez a las decisiones de la familia, a su crecimiento, a su recambio, a la herencia de sangre que nos ligaba irremediablemente como parte del mismo clan, con el mismo destino sellado por nuestra estirpe.

Habían sido los bisabuelos, quienes se asentaron, pero eran los abuelos quienes se dedicaron a ponerle sustancia a aquellas tierras perdidas y que tanto les entregaran, se enamoraron de la cordillera afable y apacible del verano y oscura y ruidosa del invierno. Ellos vieron en esas tierras las maravillas de las que luego Refugio se enamorara cuando conociera a Pastora en la Universidad.
Se habían dedicado a darle forma y vida a aquella tierra que les pertenecía más por el trabajo y el tiempo que invertían que por los títulos de propiedad; plantaron en un lugar el maíz y la remolacha, en otra hicieron los establos para las vacas y que servían como productoras de la leche que luego pasaba a buscar la cooperativa lechera todas las mañanas bien temprano para dejarla a la central de esterilización a la entrada de la calle matadero, en la ciudad. Mientras en la ciudad comenzaban las primeras protestas por los derechos de los sindicatos, cuando aparecieron los primeros sindicalistas, los pensadores sobre la igualdad y la libertad del pueblo y la necesidad de conformar un frente que construyera un nuevo país, en el campo aparecieron los primeros problemas sobre el derecho de las tierras. Era cuestión de tiempo que aparecieran los problemas en la franja de agricultores, en esos tiempos alejados del cono urbano de la ciudad incrustada en medio de la cordillera.

Los agricultores de aquella zona fueron los primeros que se asociaron para poder cuidar "el trabajo propio". Era el sector donde los abuelos habían formado parte del primer sindicato agrícola que se creara con la ayuda de don Roble y los vecinos que usaban las aguas del río para el regadío. Ahí fueron los primeros cambios para el campo, los primero verdaderos arreglos de la casita enclavada en medio del monte y las segundas revueltas que llevaron, ahora al abuelo, a escapar al mismo paso cordillerano que al bisabuelo. Eran los tiempos del gobierno de don León Leyseca que si bien había seguido la línea de su antecesor, poco había hecho con las reformas para el campo; en otras palabras el país tenía una sociedad de fomento de la producción, pero en el campo poco se hacía contra los abusos y desusos de la tierra. Recuerdo que la abuela nos decía, con aire de reproche, que don León Leyseca había venido desde el norte, había pasado más tiempo fuera que dentro del país y que si bien poco sabía de los problemas de la gente -como le gustaba decir a ella- había ganado las elecciones con su pinta de actor de cine... Sin embargo, eso nunca lo supe, las fotos de esos tiempos muestra a la gente más vieja de lo que realmente era y para mí aquella foto no mostraba más que a un caballero con pinta de ser viejo.

La casa, en ese entonces, albergaba a los 4 hermanos de Pastora más algunos primos que el Tata iba recogiendo de un lado y de otro. Por lo mismo es que se fueron agregando, si bien no muchas habitaciones, sí hartos metros cuadrados que iban siendo ocupados dependiendo de las necesidades de la familia; además de la habitación principal donde la Nona y el Tata descansaban, estaba la habitación de Papá Roble y Mamá Rosa que, con los años que llevaban encima, se habían dedicado a disfrutar a los nietos y a los primero bisnietos. Estaba el comedor de diario con la amplia cocina a leña donde la abuela siempre mantenía agua hervida para atender a las visitas y donde los aromas de la comida no cesaban durante todo el día avivados por un fuego que no se apagaba ni en verano ni en invierno. El comedor principal pasaba sellado hasta la llegada de celebraciones importantes donde toda la familia se reunía y lo llenaban de esas historias antiguas y las risas de los niños.
El lugar más especial era la biblioteca del Tata, donde se recluía cuando el día amanecía oscuro y los recuerdos de los años de escape por plena cordillera y la pérdida de los amigos le pesaban en el corazón. pérdidas que se iban sumando año a año y que acrecentaban con el mismo tiempo. Luego venían las dos habitaciones grandes, una para las niñas y otra para los niños.
Luego vino otro terremoto y dos evacuaciones por actividad del volcán, ahí cayó el comedor principal y la habitación de los niños, algo que no se arregló puesto que con la manía de escapar heredada generación tras generación cada vez que un gobierno decretaba que su forma de pensar se volvía inconstitucional. A esas alturas dos generaciones habían arrancado por creer en algo que el resto, declaraban, era una peligrosa utopía; esa habitación nunca más sería ocupada luego de la matanza del campo en donde los primos de Pastora nunca más volvieran, las mujeres de la casa se hicieron cargo de los negocios hasta que llegara Refugio.

Era por eso que cuando Pastora y Refugio se casaran -luego de que la tercera generación de la familia le tocara escapar- recibieran una casa que sólo mantenía a buen resguardo el espacio donde esconder a los que llegaban arrancando de la ciudad y que iban de camino al paso cordillerano como única salida de escape. Entonces llegué yo, la primera de las siete hijas, luego Milagros, Clara, Estela, Paz, Amparo y la pequeña Esperanza.
Con cada nacimiento se agregó una pieza, pero también se abandonó la habitación principal cuando Pastora y Refugio partieron... pero esa es otra historia, y nada tiene que ver la casa del monte.

4.22.2012

La Búsqueda en el Retorno




Habían pasado muchos años desde la última vez que se vieron. 
Aquella había sido una despedida épica, como esas que tanto le gustaba leer en novelas antiguas de amor y cariños viejos que siempre terminaban perdonándoselo todo "porque se amaban".
Sin embargo, no hubo palabras de disculpas ni ruegos para que se quedara, después de todo, no era que tuviesen algún tipo de relación efectiva y reconocida, tampoco era que se lo hubiesen dicho alguna vez en medio de una velada romántica a la luz de las velas.
los sentimientos que Sofía y León tenían el uno por el otro habían sido considerado tan privados, que nunca se lo dijeron. Era por lo mismo que la despedida era mucho más terrible que una despedida de dos amantes, porque al menos ellos se habrían dicho todo lo que tenían que decirse, pero ellos, ellos seguían ahí, a la espera de que por milagro alguno de ellos se dijera lo que tanto tenían en claro, antes de que el tren partiera alejando a la muchacha todo el tiempo necesario para traerla de nuevo muchos años después.
León, en esas noches de vigilia eterna, la recordaba con su rostro pálido reflejado en la ventana del Tren antiguo que pasaba todas las mañanas camino a la capital, con su mirada perdida en la del muchacho como rogándole que la siguiera a pesar de todo lo que significaba dejar en aquella vida que era la única que conocía.
-es bueno volver a verte- lo despertó de sus pensamiento la voz, ahora, más rasposa que la que tenía a los 15 años- pensé que nunca nos volveríamos a encontrar.
-es verdad- y no dijo nada más
porque en el fondo, aquellos corazones quinceañeros que se habían amado con locura, que se habían entregado a un compañerismo incondicional, a la maravilla del roce celestial de dos cuerpos conociéndose no volverían nunca más.
lo que les había quedado, hasta ese día, no era más que las sombras de un amor inconcluso, una despedida que fue el final de algo que nunca comenzó, unas disculpas que no servirían de nada -después de todo no había nada que disculpar- se querían ¡Y cómo se querían!... pero no era el mismo anhelo de los primero días, por lo cual estaban condenados a mantenerse atentos, dispersos en sus recuerdos a la espera de recuperar aquello que ya estaba perdido, y que, lamentablemente, se había ido en ese tren para nunca más volver.

3.29.2011

Los hombres Grises y el Nunca Más


Míralos bien Sofía, aquellos son los renegados del pasado. No es que no quieran vivir en el presente, es que si se le ha negado la justicia, ¿Cómo podrían vivir en estas paredes nuevas llenas de contradicciones?
Un edificio construido con cadáveres, duele. Les duele el tener que ver en cada tienda, en cada banco, en cada comercial de televisión los miles que cayeron, los desaparecidos, los olvidados.
Míralos y recuerda cómo miran, cómo caminan, como comen con miedo entre sus sienes, con odio en sus mandíbulas, con las manos amarradas y sucias, resentidos y abandonados a su suerte en esta calle maldita que no deja de gemir de dolor en estos días. Veo en tu rostro aquella expresión de dolor tan grande (tan grande como el dolor que cada uno de ellos siente) y debo decirte que está bien, está bien dejar el dolor fluir en tus venas para compadecerte… no, no para tenerles lástima porque de eso no se trata, debes sentir el dolor que sienten ellos para no olvidarlos, para hacerlos retratos vivos de un pasado fangoso del que muchos quieren escapar.
Para eso están estos hombres grises, ausentes y voraces, para hacernos recordar lo terrible que fue, lo terrible que es, haberlos dejado en este estado, en este abandono, en este olvido. Y lo repito, (porque lo seguiré haciendo, lo advierto) para que entiendas cuán difícil es comenzar desde cero, sin Pastora, tu madre, yo no lo hubiese podido hacer, ellos no tenían a nadie. Quizás, si no hubiese estado ella, sería yo el que estuviera caminando a gritos entre medio de los basurales, durmiendo entre las ratas, gritando a las ancianas que profesan el fin del mundo. Quizás ni siquiera estaría acá, estaría en una de esas fosas abiertas del cementerio, sin rostro, sin nombre… en las tumbas tristes que se erigen al atardecer, desprovistas de adornos, llenas de bandas amarillas porque no han sido identificados.. Tal vez sería un muerto en vida, y otro sería tu padre, tal vez no tendrías que ver esto, quien sabe.
Pero no por ello significaría que esto no existiera, que la Casa de la Solidaridad no estuviera, que esta calle estuviese llena de luz y de colores, vacía del silencio que ronda por las esquinas y los callejones. Ya no es posible no tener este día, Sofía, porque hay quienes están ahí y viven aun sus tormentos, sus penas, angustias y alegrías. Son personas, reales, a las cuales debemos honrar porque en sus cimientos se construyó lo que hoy tenemos, si es bueno o malo, no lo sabremos. Las certezas han muerto (no las ideologías como tantos predican) por lo cual no nos queda más que seguir trabajando día a día por construir aquel mundo que tanto añoramos y que dista de este tan egoísta y beneficioso para algunas y dañino para tantos.
Sofía soltó una lágrima y se avergonzó. Era mayor, no debía reaccionar así a lo que le contaba su padre. En la época del Nunca Más, cuando Iris las encerraba en la casa junto a Milagros a la espera de lo que dijera Pastora, la anciana les contaba las noticias que andaban rondando por el pueblo, aunque vivieran en el campo, se sabía de los desaparecidos, de las persecuciones, de las violaciones, de los muertos, los torturados y los heridos. Ninguna de esas figuras tenía nombre, lo cierto es que era gente, que al volver, perdían el brillo de sus ojos. Pero nunca había escuchado a su padre hablar sino hasta ahora, caminando por esa calle gris y fría en medio de la ciudad, rodeada de casitas humildes, pequeñas, apiladas como si así pudieran calentarse para el invierno, como si así pudieran resguardarse del calor del verano. Refugio había guardado silencio y ahora lo entendía, porque él no era esos hombres dementes, grises, fríos y repulsivos que caminaban como zombies, que cantaban canciones antiguas, que denunciaban sin que se les escuchara, las torturas de su vida. En fin, que terminaban por vivir otro día sin notar que todo había acabado.
-Y es que no ha acabado- volvió a la arremetida, Refugio- para ellos nunca lo hará hasta que los lleven a un tribunal, hasta que los escuchen, les tomen la mano y los reciban.
Era esa la razón por la cual Refugio iba todos los meses a entregar lo que tenía y sobraba en la casa, lo que podía recolectar. Entre ropa, abrigo y comida para aquellos hombres desorientados, muestra de lo que era él ahora, la posibilidad viva de lo que podría haber sido. Testimonio vivo de las negligencias del Campanario, de la campaña del terror y del olvido.
A lo lejos se escucharon las campanas. Los hombres grises se levantaron, miraron a la distancia con los ojos llenos de furia y rabia, luego se agacharon y lloraron, para luego volver a su mundo perdidos en el tiempo, trasnochados en la gloria de tiempos pasados, abrumados por la tragedia del presente tan cierto y ajeno a ellos.

7.21.2010

Las Sepulturas Tristes


En el Cementerio, más allá de las grandes avenidas que cruzaban el centro de los amplios e iluminados mausoleos, se amontonaban pequeños sepulcros.
Todos amontonados, algunos tapados con toldos plásticos, debían tomar turnos para repartir aquella poca luz del sol que les llegaba. Era cosa de dar una ojeada a los deudos que llegaban, con ropajes livianos y zapatitos rellenos de diarios para no humedecerse los pies,
para darse cuenta el tipo de gente que resguardaban. Se quedaban un rato, arreglaban un poco allá, otro poco acá, con trapos húmedos pintaban y repintaban las placas de piedra para que, al menos, se viera el nombre.
algunas tumbas, las recién hechas, aun tenían tierra suelta cuando volvían a hacer, justo al lado, otro hoyo para recibir otro ataúd, apenas separados por unos cuantos ladrillos, todas amontonadas, casi sin profundidad, eran los muertos de una clase social que no podía permitirse gastar más en los muertos de lo que gastaba en los vivos.

Aquellas Sepulturas Tristes, estaban alejadas de los ojos curiosos de los turistas. En aquellos pequeños nichos agrupados en la tierra húmeda, había un atisbo ligero de humanidad perdida que hablaba de desigualdades que se iban a la otra vida. Un dolor que tenía más que ver con las penas arrastradas en vida y que, al acumularse, decantaban en esos huequitos miserables del cementerio.

Eran los olvidados, las historias que no representaban a más que a ellos mismos los que los había confinado a ese rincón, los que no tenían el derecho a pertenecer más que a sí mismo -y al trabajo de sus manos... trabajo pagado con migajas, explotado hasta la barbarie- Pero para sus deudos, cómo no amarlos? Porque aunque faltara el pan, se les traía flores; aunque no hubiera sal en la mesa, había que viajar cada domingo para contemplar, con los ojos cristalinos de pasado, los recuerdos de un amor que no había sido olvidado, pero que no correspondía a la magnificencia de aquel cementerio recordados por todos por los mausoleos de unos pocos, mausoleos construidos, al igual que sus mansiones mientras estuvieron en vida, sobre los cimientos del dolor que hoy representan esas sepulturas humildes, capaces de alberga pequeños cuerpos encorvados de los grandes sueños que no fueron capaces de cumplir en vida.

4.18.2010

El Ruiseñor y Su rosa


Tenía una vida de hombre libre; abierto de mente, capaz de gritar
Había en mi pecho el orgullo de no ser de aquellos hombres,
que tanto habían disfrutado matar.
Mi voz era la de mil voces.
Mis ojos, nunca se apagaban al despertar.
Tenía cada mañana, como regocijo, saber que era otro día para pelear.

Y veía claramente, cómo el mundo no debía ser jamás.
Saludaba sin miedos, a aquellos a los cuales no hay que saludar.

Hasta que la vi flotando ajena, Sin nada en su andar.
La quise perseguir, ligera.
Quiso, entonces, escapar.

la seguí por cuatro años... por momentos no quería despertar
las mañanas fuerons amargas. Las noches, frías lejos de donde debía estar.
Pero entonces supe que aquellos labios, de los cuales nunca oí hablar
deseaban más los regalos y promesas
que las ideas que pudiera entregar.

y exigí, como condición, que me diera esperanzas
Sabiendo que las Esperanzas las había perdido yo.
Exigí lo que no podía exigirle.
Exigió lo que no podía darle yo.
Flores en el desierto quería, Una rosa como las que murieron hace años en el jardín.
Quería Rosas de aquel patio del cementerio abierto
De las tumbas de las cuales nunca quiso oír.

Entonces vendí a mis muertos. Loco de amor como estaba yo!
Perdí el rumbo, me perdió lo incierto.
Y el invierno tampoco me ayudó.
Aquella Rosa que ella exigía, la que nunca verdaderamente pidió.
Era una llave a sus labios rojos, era el pasaje de mi autodestrucción.

robé, mentí, maté
como aquellos a los que juré, nunca dar perdón.
lloré, grité, y me hirieron.
Como aquellos a los que nunca más miré.

Y en pleno desespero, cuando pasó el tiempo bajo el romeral.
Cuando las botellas de Ron no pudieron desangrar el desconsuelo,
ni encontré nada más de donde escapar, el ruiseñor entonó su canto
para darle ánimo a aquel maldito rosal.

"Una rosa que no quería. Una Rosa que nunca va a mirar.
Puede ser mi alegría, pero la suya nunca lo será"
Había oido que me decían... pero la verdad, no quería descartar
que aquella rosa podría ser mi alegría
(aunque a ella no le importara de verdad)

el pajarillo asintió complacido. Conociendo desde siempre las historias del "nunca Más"
los malos pasos a los que había caído por un amor capaz de traicionar.
Vio mi vida -y estaba viendo mi muerte-
y supo entonces, cómo aportar;
Abrió su pecho, entregó su encanto.
Poco a poco revivió al rosal.
Cantó como nunca hubo un canto.
Murió, porque así debía terminar.

Una Rosa! la tenía en mis manos
Una Rosa! y me miró con ademán.
"quieres que la tome, aun cuando aun está húmeda?" preguntó, porque no quería preguntar más.
"una Rosa Roja como pediste, por un baile esta noche en el bar"
"Una Rosa, es sólo eso. De tí, nunca he querido más.
Tengo el favor de tantos hombres... ¿Crees que una rosa bastará?
te he visto antes y te conozco. Como los 'otros' que siempre gritando están
Tu mundo no es el mío, y siempre lo has sabido ¿Por qué pretendes querer más?
Con una rosa, a mi no me basta. tal vez a tí te sobre, por ese pobre rosal!"

y se fue indiferente. Como siempre fue en verdad.
Abrí mis ojos -después de tanto tiempo-
y quise por un momento llorar.
Las historias del Nunca Mas volvieron, pero no mis amigos a los que ya había dejado atrás
El ruiseñor nunca más entonó su canto,
Aquel rosal, nunca más quiso una flor dar.

desde esa noche que bebo sin rumbo, Que camino con hastío
que me duermo, sin querer soñar.
aquella mañana desperté cuando aun estaba nublado... y las lágrimas se habían desparramado como rocío cristalizado sobre el pasto del antejardín.

Durante la noche, con todo el amor que pudo dar,
el Ruiseñor secó su sangre, y nunca más volvió a cantar.
Hoy es día de desvelo, porque aquella moza, que no quiso bailar,
hoy desangra aquella rosa, por la cual nunca volví a amar!

Rescaten al Ruiseñor y su Rosa!
no le dejen terminar de cantar!
que las espinas no le congelen su corazón pequeño!
y que sus pulmones no derramen su sal!

¡Rescaten mi inconciente errado!
maten aquella sensación de falsa paz.
Tomen aquella rosa roja y el ruiseñor
maten este corazón egoísta
vuelvan mis huesos a las tumbas que alguna vez, dejé atrás!

3.13.2010

Mi nombre!

No quiero mi nombre inerte en lápida de piedra.
Deseo ver mi obra en la sangre ardiente de mis hijos,
en la frente alta de mis nietos
en las palabras sabias de mis amigos.
y en los sonidos profundos de tu boca,
de tu boca, vida
De tu boca.

No quiero mi nombre quieto como estátua nívea
quiero que vuele alto entre roble y tamarugal,
en el vuelo ágil del cóndor nuevo,
en aquel grácil andar,
en tu cuerpo caminando lento
y entre medio del juego de tus dedos
y mis cabello.

No quiero mi nombre vacío, en medio de fuentes de bronce.
quiero ver el fuego de las ideas brillar en el corazón del fuego,
caer como lluvia cristalina,
verlas crecer gigantes como montañas de hielo.
nacer como valle eterno
y vivir en tu piel de infierno.

no quiero mi nombre ajeno en placas de blanco acero,
lo quiero mio ¡Lo quiero nuestro!
prestado a la vida, rodeado de ingenio,
siempre inquieto y a la vez sereno.

No quiero mi nombre ausente, perdido porque tú estás perdido.
Lo quiero abierto en tus manos,
sobre tu pecho extendido.
¡Quiero mi nombre vivo!
¡quiero mi nombre Vivo!

11.16.2009

despertando un día.

Eran aquellos labios rojos, de perfume espeso y penetrante los que dan a conocer que quedan las migajas -no los recuerdos completos- luego de tardes de lluvia, cuando en el pecho arde la sensación de poco sociego.
Y la verdad, no soy capaz de recordar los detalles de tu cuerpo, que ahora es humo disperso en medio de tantos sentimientos, luego de una noche pasada en tu boca respirando tu aire.

Primero habían sido tus ojos, aquella bestia infame, los que me habían quitado la paz, la cadencia de cada día... tu presencia que parecía alegría -y la ausencia que desteñía la paz.

Eran entonces, tu cuello. Dorado, largo, perfecto. Aquel espacio profundo en el cual entraban mis sueños. por donde me abrazaba inquieto, donde dormía sereno.

Era también tu espalda donde descansaba mi pecho, por donde te arrasaba con mis brazos. Donde nuevamente me encogía como si fuera mi puerto... aunque ahora pareciera destierro.

Había sido una noche, una sola noche de presencia eterna, pero ahora, a unas cuantas horas, cuando queda en el ambiente unas pocas notas de perfume de tu pelo, el calor de tus manos y las imágenes -casi irreales- me doy cuenta del precio de una noche que no sería noche, sería desconsuelo y necesidad.

11.13.2009

Nuevamente, sabidurìa...


Nosotros somos los imposibles, Los que dedicados a cada uno parecen prisioneros entre tantas diferencias. Nosotros con ese aroma a canela húmeda, a cuerpos tibios que terminamos siempre con las manos entrelazadas. Y cómo no seremos imposibles si en silencio reina mi calma, en tu calma renuncia mi cobardía. Porque es imposible imaginarme sin tu mano al otro extremo de mi mano, ni tu sonrisa acompañando la mía.

Somos imposibles porque no existo sin ti, ni te atrapo lejos cuando te escapas de mis sueños imposible de imaginarte sin mis besos, alejarte y que no estés a tu lado.

Porque la noche, siendo calma, había dispuesto en tus miradas, la promesa insomne de una gran batalla que recupera aquellos labios que me decían "te quiero" mientras despertaba.

Somos imposibles, porque ya no somos solo uno, porque tu mundo, siendo mi mundo, me arremete contrariada y ajena, pero siempre curiosa para saber si tú, como alguna vez yo, sientes la necesidad de acostarte a dormir a mi lado, para notar que en este lecho dejamos de ser imposibles para pasar a ser un bonito sueño.

9.07.2009

Caminante no hay camino...

una vez terminados los últimos minutos de su vida, dedicó aquel aliento final para alcanzar hoja y papel y escribir, en lo que mantenía su historia en papiros casi descoloridos, las últimas palabras.
Había tanto que decir, pero debía seleccionar de forma rápida y certera, aquellas que demostraran la síntesis de aquel momento crucial y tan definitivo como era su muerta.
No quería dejar algunas palabras a sus obras. Aquellas estaban hechas, escritas, cualquiera las podría ver.
No quería decir todo lo que había costado llegar a dichos inventos, hallazgos y demases. Él solo había tomado dicha responsabilidad, no porque era necesario solamente, sino porque así lo quería.
No quería hablar de todas las peleas y esfuerzos porque en realidad, no importaban, no era el momento de quejarse luego de tantos años pasados

Entonces no cupo duda, respiró hondo y comenzó a trazar, lentamente, con algo de dolor, pero con la certeza de que aquello era lo único que podía cobrar sentido en aquella última etapa.
"Dime Dios, si todo lo que he hecho ha servido para algo"


8.25.2009

Bienaventurados


Caminaba a eso de las siete de la tarde, cuando el sol es solo el espejismo de la necesidad de calor y el frío y la niebla se hacen presente con la bruma, es que se apareció ante mí. Casi había pasado el día laboral completo, cuando repentinamente me reencontré con aquel pequeño paradero en medio de la nada. Medio escondido, a la salida de un Estacionamiento siempre repleto, sólo se veía a lo lejos su pequeño techo verde capaz de resguardar tanta historia.

Y entonces se despertó en mí, la remembranza de algo pasado y ajeno, algo que nada tenía que ver con los pasos que estaba dando en este momento. Porque estaba rodeado de penas, de tristezas ajenas, de dramas inventados y de necesidades ficticias.

Me parecía que había llorado tanto en aquellos tiempos oscuros, en el mismo paradero que se escondía tras los autos. Pero ahora aquella pena era extraña y al mismo tiempo ¡Tan absurda! puesto que ahora no comprendo el tiempo perdido en aquellas ocasiones, pensando en lo que uno mismo elijió sabiendo que no era lo correcto.
Y no me quedaba claro qué es lo que me había hecho quedarme en aquel paradero, en los tiempos oscuros de las indesiciones
Sobre todo porque ahora me parecía mucho más sensato el poder caminar a su aldo, sonriendo limpiamente y a la vez, tan ligera en las sensaciones.
Porque si bien todo era más tranquilo... ya no habían dramas inventados, ni necesidades ficticias ni lágrimas derramadas.
Solo esta tranquila esperanza de tener otra mano a mi lado entrelazada con el calor de lo que realmente era aquello que quería.

7.31.2009

día de desvíos

Entonces se dispuso a viajar por entre medio de sus pensamientos, sabiendo que aquello no era malo -pero tampoco bueno- se dejó llevar por las imaginarias ideas de tomar aqeulla mano helada.
y luego se imaginó los momentos vividos, trayendo desde lejos todos los detalles de las últimas semanas.

Las vacaciones comenzaban, y lejos estaban las ideas de que aquello fuera prohibido. Solo era necesario saber que era ese aroma a tabaco de vainilla lo que los recordaba el uno al otro.

7.18.2009

Mirando tus manos


Fue casi como reconocerme en el espejo, cuando me encontré en medio de aquellas carcajadas... y entonces se hizo el silencio tan delicioso, espeso y a la vez delicado, que llevaba la seguridad de dos personas que se conocían.
Y entre los latidos, nos encontramos con las miradas suspendidas, casi flotando tomadas del Iris del otro, nadando en esas profundidades que se habían vuelto tan familiares.
Nuevamente sonreiste con ese característica mueca, y yo, mientras me debatía en volver a ser quien era -quien habías conocido siempre- me petrifiqué al notar, que en reaildad, habíamos caido en un nuevo juego, que nos lleva hasta este momento, en donde te tomo la mano sabiendo que esmía.

7.01.2009

Peces de Ciudad


NO NOS VOLVAMOS PECES DE CIUDAD.
"Desafiando el oleaje sin timón ni timonel,
por mis sueños va,
ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje.
Luciendo los tatuajes de un pasado bucanero
de un velero al abordaje, de
de un 'no te quiero querer'.

Y como huir cuando no quedan islas para naufragar, al país donde los sabios
se retiran del agravio de buscar labios
que sacan de quicio.
mentiras que ganan juicios, del sumario que envilecen
los cristales de los acuarios de,
los peces de ciudad,
que perdieron las agallas
en un banco de morrallas
que nadan, por no llorar"